
Por qué Cataluña se llena de fuego la noche de Sant Joan
Esta noche Cataluña arde
Si pasas la noche del 23 al 24 de junio en Cataluña, ya te aviso de que dormir, lo que se dice dormir, vas a dormir poco. Hay hogueras en cada plaza, petardos desde que se pone el sol, fuegos artificiales en la playa y un olor a pólvora que no se va hasta el día siguiente. Es la Revetlla de Sant Joan, la verbena más ruidosa de todo el año.
Lo curioso es que detrás de tanto ruido hay una de las fiestas más viejas que celebramos. Mucho más antigua que el santo que le presta el nombre. Vamos a ver de dónde sale todo esto.
Qué es la Revetlla de Sant Joan
Revetlla es como se dice verbena en catalán, o sea la fiesta de la víspera. Se hace la noche del 23 al 24 porque el día 24 toca San Juan Bautista. Y aquí va el primer detalle curioso, porque la Iglesia celebra el día que nació San Juan y no el día que murió, que es lo normal con los santos.
San Juan es de los poquísimos a los que se les festeja el nacimiento. Y la fecha tampoco es casualidad. Cae justo seis meses antes de Navidad porque, según el Evangelio de Lucas, cuando el ángel anuncia que va a nacer Jesús, Isabel, que era la madre de Juan, ya llevaba seis meses embarazada. Esa es la versión oficial. La de verdad viene de mucho antes.
El origen, un solsticio con ropa de santo
La fiesta no la inventó el cristianismo. La inventó la gente mirando al cielo.
Sobre el 21 de junio cae el solsticio de verano, el día con más horas de luz de todo el año. Para casi todos los pueblos antiguos de Europa era un momento especial, con el sol en lo más alto y, a partir de ahí, cuesta abajo. Lo celebraban encendiendo fuego, porque era una forma simbólica de darle fuerza al sol justo cuando empezaba a flojear.
El cristianismo hizo lo que hizo con tantas otras fiestas, que en vez de prohibirla la aprovechó. Le puso encima la figura de San Juan Bautista y arreglado, fiesta pagana reciclada.
Y hay una coincidencia que da gusto porque en el Evangelio, Juan suelta una frase sobre Jesús que viene a decir que él tiene que crecer mientras Juan mengua. Pues mira por dónde, justo a partir de Sant Joan los días empiezan a menguar. El sol que cae, el fuego, el santo que mengua, arreglao.
El fuego lo es todo
Si la Navidad va de luces y el Carnaval de disfraces, Sant Joan va de fuego y todo gira a su alrededor.
La hoguera, la foguera en catalán, tiene un sentido bastante claro, que es purificar. Quemar lo viejo para hacer hueco a lo nuevo. Antiguamente la gente echaba a la hoguera los muebles rotos, los trastos y hasta papeles con cosas que querían dejar atrás. Todavía hay quien escribe en un papel eso que se quiere quitar de encima, un mal año, una relación, una manía, y lo tira al fuego.
De ahí salen un par de costumbres que aún aguantan. Una es saltar la hoguera, que dicen que hay que saltarla tres o siete veces según a quién le preguntes y que da suerte para el año que viene. Eso sí, hazlo cuando el fuego esté bajito y no te vengas arriba. La otra es el baño de medianoche, que en la costa mucha gente se mete en el mar al dar las doce. Agua y fuego, los dos elementos que limpian, en la misma noche.
Y luego están los petardos y los fuegos artificiales, que aquí son palabras mayores. La cultura del fuego y la pólvora en Cataluña viene de lejos, de los correfocs y los diablos, y en Sant Joan se desata sin ningún freno.
La Flama del Canigó
Esta se merece su propio hueco porque es preciosa y casi nadie de fuera la conoce.
El Canigó es una montaña de 2.784 metros que está ya en la Cataluña Norte, en territorio francés. En su cima se mantiene una llama encendida durante todo el año. Cada 22 de junio esa llama, que llaman la Flama del Canigó, baja de la montaña y se va repartiendo para encender miles de hogueras por toda Cataluña, la Comunidad Valenciana, Baleares y la Cataluña Norte. Un mismo fuego prendiendo mil hogueras distintas.
Y no creas que es una tradición muy vieja, porque es más nueva de lo que parece. La empezó en 1955 un tal Francesc Pujade, al que le dio por ahí leyendo el poema Canigó de Jacint Verdaguer. A partir de los años sesenta la organiza Òmnium Cultural, y en 1966 la llama cruzó por primera vez la frontera hasta llegar a Vic. Hoy es un símbolo bonito de hermandad, un fuego que va de pueblo en pueblo llevado por voluntarios y que conecta a toda la gente que comparte la misma lengua.
La coca y el cava
De comer, la noche es sencillita. Coca de Sant Joan y poco más.
Es un dulce alargado, parecido a un brioche aplastado, y tiene mil versiones. Está la de llardons, que son los chicharrones, con piñones, que es la de toda la vida. La de fruta confitada con piñones, que es la más vistosa. Y la de crema o de crema y nata, que es la que arrasa entre los golosos, y por supuesto también de chocolate.
Se acompaña de cava, se parte en la sobremesa y, si la familia es grande, la coca puede pasar tranquilamente del metro de larga. Sin coca no hay revetlla que valga, es obligatorio.
Dónde se celebra y cómo cambia
Sant Joan es enorme en Cataluña,pero no es solo cosa de catalanes. Por toda la costa mediterránea y también por el Atlántico hay versiones que merecen mucho la pena.
En Barcelona y la costa la cosa va de verbenas de barrio, hogueras y sobre todo playas. La Barceloneta, el Bogatell o la Mar Bella se llenan de gente, música y fuegos hasta que sale el sol.
Pero si me preguntas por lo más espectacular, te diría sin dudarlo las Falles del Pirineu.
Poca gente de ciudad las conoce y son una pasada. En montones de pueblos del Pirineo de Lleida, los fallaires suben a la montaña al atardecer, encienden unas teas enormes que llaman falles y bajan con el fuego en la mano por la ladera, formando una especie de serpiente de luz en plena noche, hasta dejarlas en la plaza del pueblo, donde se monta una hoguera descomunal que llaman lo faro. Te quedas embobado mirándolo. Las más conocidas son las de Isil, en el Pallars Sobirà, y las de la Vall de Boí, en pueblos como Durro, Boí, Taüll o Barruera, aunque se celebran en más de ochenta sitios.
Tanto es así que las baixades de falles son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2015, repartidas entre Cataluña, Aragón, Andorra y Francia. Si alguna vez puedes verlas en directo, no te lo pienses.
En Alicante están Les Fogueres de Sant Joan, que vienen a ser como unas Fallas pero en junio. Se plantan unos monumentos enormes de cartón por toda la ciudad y la noche del 24 se queman todos en lo que llaman la cremà, con sus mascletàs y toda la pólvora del mundo. Tienen hasta el sello de Fiesta de Interés Turístico Internacional.
En Ciutadella, en Menorca, hay una de las versiones más distintas y especiales que vas a encontrar. Aquí el protagonista es el caballo. Los caixers, que son unos jinetes que representan a los antiguos estamentos sociales, recorren la ciudad y los caballos se encabritan entre la multitud en el famoso jaleo. La tradición viene del siglo XIV. Se bebe pomada, que es ginebra Xoriguer con limonada, y la ciudad entera se vuelca con la fiesta. Es intensa de verdad.
En A Coruña y en Galicia la noche de San Juan también es sagrada. Hogueras en las playas de Riazor y Orzán, sardinas a la brasa, queimada y mucha meiga rondando.
No solo aquí, en España, fuera también se celebra
La noche del solsticio se vive en medio mundo, porque el sol no entiende de fronteras, y casi siempre con el mismo ingrediente, que es el fuego. Oporto es solo la punta del iceberg.
En Portugal está el São João do Porto, una de las fiestas más locas de Europa. La ciudad entera sale a la calle la noche del 23, se comen sardinas y caldo verde, vuelan globos de papel y la gente se da martillazos de plástico en la cabeza unos a otros.
En Escandinavia tienen el Midsummer. En Suecia es prácticamente la fiesta nacional, con bailes alrededor de un mástil cubierto de flores, coronas de flores en la cabeza y comida hasta reventar. En Noruega, Dinamarca y Finlandia, hogueras junto al mar y a los lagos.
Donde quizá se vive más fuerte es en los países bálticos. En Letonia el Jani es la noche más importante del año, con coronas de roble y de flores, queso con comino, cerveza, canciones populares y hogueras que se saltan igual que aquí. En Estonia y Lituania, tres cuartos de lo mismo.
Y luego está Brasil con las Festas Juninas, que se tiran junio entero de fiesta. Honran a tres santos, Antonio, Pedro y João, con hogueras, comida de maíz, globos y baile de forró. En Campina Grande montan lo que ellos llaman el mayor São João del mundo, con más de un mes de celebración.
O sea que cuando saltas una hoguera en una playa catalana estás haciendo casi lo mismo que un letón, un sueco o un brasileño esa misma noche. Hay pocas fiestas tan universales como esta.
Dónde es festivo en 2026
Esto te interesa si estás haciendo planes. El 24 de junio de 2026 es festivo en Cataluña, en la Comunidad Valenciana y en Galicia, así que ahí se libra.
En el resto de España toca trabajar. Y ojo con Baleares, que ese año no sale como festivo autonómico, aunque en pueblos como Ciutadella sigue siendo fiesta local. Además cada ayuntamiento puede poner sus propios festivos locales, así que mira bien el calendario de tu ciudad antes de confiarte.
Y al final de qué va todo esto
Si le quitas el ruido, queda algo bastante bonito. Una noche para juntarse, encender un fuego, quemar lo que sobra del año y brindar por lo que viene. Llevamos miles de años haciendo lo mismo, mucho antes de que esto tuviera nombre de santo.
Así que esta noche, si saltas una hoguera o te mojas los pies en el mar a medianoche, estás repitiendo un gesto viejísimo. ¿Y tú qué echarías a la hoguera este año para empezar de cero?
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